Cristiano Ronaldo no consigue un gol desde hace 48 días, cuando marcó un libre directo contra el América de México (entonces la pelota voló por encima de Pepe). Si el tiempo transcurrido nos parece alarmante es porque Cristiano actúa en cada partido como si lo fuera. Su empeño por marcar ha dejado de ser un loable intento para convertirse en una obsesión inquietante, avivada por el árbitro de Anoeta al anotar el segundo gol del Madrid al compañero que huía.
